Los mantecados aparecen por vez primera en las referencias históricas del documento de venta de Estepa que la Orden de Santiago firmó a favor de un banquero genovés de la familia Centurión en 1559. En dicha venta aparece como testigo Tristán Gómez, de oficio repostero, aunque también hay numerosas referencias de un origen paralelo en Antequera, debido al excedente de manteca de cerdo y cereales.
En los antiguos recetarios de repostería estepeña se aludía también a los alajúes, los precedentes de los actuales turrones que fabricaban los árabes a base de miel y almendras, apareciendo los turroneros en algunos documentos como el Archivo de Protocolos Notariales del siglo XVIII. También aparecen en los inventarios del siglo XVII numerosas referencias a las chocolateras.
Pero no fue hasta finales del siglo XIX cuando Micaela Ruiz Téllez, conocida como la Colchona, logró comercializar estos productos tradicionales. Doña Micaela se dedicaba en los meses invernales a realizar las matanzas del cerdo en las casas más señoriales de Estepa, utilizando el sobrante de manteca para hacer los conocidos como mantecate (parecidos a los mantecados de hoy en día).
Estos mantecates tenían muy poca durabilidad, se endurecían muy pronto, entonces para evitar eso Micaela reseca la harina dándole calor, quitándole la humedad. Consiguiendo con ello que el producto quedara prieto por fuera y tierno por dentro. Su amigo José Hermoso le aconsejó que se los diera a su marido, que se encargaba de transportar bienes y personas hasta la ciudad de Córdoba, y este decidió llevarse los mantecados para venderlos por el camino, iniciando sin saberlo la comercialización de los productos.
Y mientras iban haciendo clientela por varias provincias andaluzas, la Colchona y su marido decidieron abrir un obrador de confitería, en el que estuvieron trabajando hasta su muerte. De ahí a que otras confiterías de Estepa se lanzaran a dar a conocer sus productos fuera del pueblo hubo un paso.
Hoy día, solo en Estepa se elaboran más de 20 toneladas de mantecados que cuentan con una Indicación Geográfica Protegida.
Con respecto al empleo, el mantecado supone trabajo directo para alrededor de 2.000 personas solo en Estepa (el 85% son mujeres) y unas 2.500 de modo indirecto en las empresas auxiliares ya comentadas. Podrán comprobar que en esta parte del año, gracias a esta industria y a la campaña de recogida de aceituna, la tasa de desempleo roza el 7%, dato que es más que significativo (llegando durante varios años a lo que técnicamente se denomina pleno empleo).
Más de siglo y medio amasando con sus propias manos una masa que mezcla harina de trigo, manteca de cerdo, azúcar glas, almendra, canela y aromas naturales. El olor a canela, ajonjolí y almendra tostada impregna las calles y casas estepeñas y hacen que, durante unos meses, la localidad viva inmersa en un permanente ambiente navideño.










